lunes, 23 de abril de 2018

Sobre la política en el cine - reseña de Rafael Marfil-Carmona

Sobre la política en el cine

Aprovechando que llega el día del libro, es un momento idóneo para recomendar una publicación muy especial: La política es de cine, editada por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionalesen este mismo año, 2018. Se trata de una obra colectiva, coordinada por el catedrático de Ciencia Política y Sociología de la Universidad de Salamanca, Manuel Alcántara, junto al investigador y profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM, Perú) Santiago Mariani, experto en este apasionante territorio común entre el complejo universo de la política y su representación fílmica. De hecho, es la segunda parte de otra recomendable obra, publicada inicialmente en 2014: La política va al cine, coordinada por estos mismos autores. Editada por una entidad de prestigio, cuya editorial está situada entre las 25 mejor valoradas por los expertos en España, con una relevancia destacada en Derecho y Ciencias Políticas, se trata de un trabajo que constituye, sin duda, una aportación de calidad y de gran interés en lucha por el diálogo interdisciplinar, una tarea que no siempre se valora con justicia en el mundo universitario.
Ha sido un placer, en su lectura, comprobar la calidad y diversidad de estilos en las aportaciones de personas expertas en Ciencia Política, Sociología o Economía, entre otros ámbitos, pero que son a la vez cinéfilas. Se trata de un contenido divulgativo, especialmente recomendable para revisar lo que está dentro y fuera de las pantallas. Se reflexiona en torno a un imaginario que, además de reflejar las luces y sombras de la actividad política durante toda la historia del cinematógrafo, ha influido indiscutiblemente en nuestra forma de pensar y aprehender el mundo, ya que lo hemos pensado, en muchos casos, tal y como hemos podido conocerlo a través de los medios de comunicación y, en especial, en su representación audiovisual, hoy día digital. Participar recientemente en su presentación, además en mi librería de cabecera, Babel, en Granada, ha sido un verdadero placer y una oportunidad para aprender.
Junto a Manuel Alcántara Sáez, que me hizo reflexionar sobre algunas esencias fundamentales de la actividad política y sobre el grado de pasión y conocimiento por el cine que cada uno es capaz de admitir (siempre menos del que realmente demostraban los intervinientes), pude conversar y debatir en torno a la temática del libro con otras dos personas que, en lo concerniente al cine, atesoran casi todo el conocimiento posible, algo de lo que no tengo duda desde que iniciamos nuestras conversaciones sobre la gran pantalla hace décadas, varias, constatando después cómo esa pantalla se ha hecho tan pequeña como para poder llevarla en el bolsillo. Uno de ellos es Manuel Trenzado, profesor de la Universidad de Granada, autor de uno de los capítulos y experto en el reflejo de ese universo político en el cine español, ámbito sobre el que ha investigado y publicado también en revistas científicas. Se trata del impulsor también de la publicación, al que estoy agradecido por la invitación a una charla que mostró el camino también para futuras reflexiones y, por qué no, líneas de investigación. El otro contertulio, Juan de Dios Salas, es posiblemente la persona que más sabe en mi ciudad (o de las que más) sobre ese mundo tan sencillo y tan complejo a la vez como es el cine, director del Cine Club Universitario de UGR y del festival de cine clásico Granada Paradiso. Todo ello, además, con la participación e intervenciones de compañeros/as de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología y otras personas interesadas, vinculadas al ámbito cultural, como María José Sánchez.
Habrá tiempo para reseñar y citar este trabajo, que me acompaña ya en las estanterías de casa como referencia para recordar lo importante de la conexión de lo fílmico con la realidad, la profunda implicación social que tienen los medios de difusión masiva en nuestro presente y en nuestro futuro. Además, he podido aprender y repensar algunas cosas desde la óptica del contexto y de la sociedad, trascendiendo una línea más habitual en la Teoría del Cine, como es la inmersión en el lenguaje audiovisual, la semiótica textual y la narrativa. Con esa frescura, propia de profesores/as de otro ámbito que se toman muy el serio el cine, el resultado es impecable. Me atrevo a recomendar su lectura, sobre todo, por el carácter divulgativo y la calidad intelectual de la obra. Es un libro, en cierto sentido, didáctico, una selección de títulos que puede convertirse en una propuesta para nuestra propia agenda de visionado en casa (aunque no sea lo mismo que en la sala). Además, cada capítulo podría ser punto de partida y material docente para un cinefórum en cualquier contexto de educación formal o no formal. Sintetizo algunas ideas extraída del debate, destacando contenidos de especial interés, para finalizar con el esbozo del futuro de esta línea de trabajo, que no es otro sino dirigir la mirada a la cultura digital y a la narrativa transmedia.
Espectáculo, relato y oscuridad
Tres ideas que, personalmente, me parecieron muy interesantes en el debate celebrado en la librería Babel. Las dos primeras se desprenden del magnífico prólogo, que es toda una declaración de principios y, en lenguaje investigador, un verdadero estado de la cuestión. En ese texto, Manuel Trenzado, Manuel Alcántara y Santiago Mariani hablan de la espectacularización de la política, en una hibridación e influencia mutua con lo audiovisual que nos ayuda a comprender fenómenos recientes y la esencia identitaria de generaciones que han accedido al poder tras una formación e influencia de fenómenos como el cine o las series audiovisuales, como es el caso de Podemos, personificado en parte de la producción académica del propio Pablo Iglesias. Habría muchos ejemplos en el ámbito internacional. Esos trazos están perfectamente esbozados en las páginas de este libro.
Una segunda idea, no menos importante, es la rotunda presencia de la idea concepción de la acción política como relato, vigente en la propia gestión del liderazgo y absolutamente protagonista en los medios audiovisuales. En ambos sectores se ha impuesto un nuevo paradigma basado en storytelling, el enfoque narrativo y constante aportación de historias, en un desarrollo transmedia. Por último, entre otras muchas cuestiones de interés en esta línea de reflexión, es inevitable plantearse por qué el reflejo de la política en el cine y en las series de televisión se caracteriza, sobre todo, por la manipulación y la complejidad, algo sobre lo que fue una suerte poder conversar con Manuel Alcántara, descubriendo en ese momento su calidad humana y, al elaborar esta entrada, que fue en 2015 uno de los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes. Su capítulo sobre Orson Welles tiene mucho que ver con el reflejo de esa oscuridad del político. En ese texto, además, he conocido la referencia a una frase atribuida al director de Cuidadano Kane: “Lo malo de la izquierda americana es que sólo se traicionó para salvar sus piscinas”. Solo ese inicio es una base sólida para comprender mucho sobre el Star System de Hollywood, la caza de brujas y aquella época, tal y como escribí en la guía de visionado de Trumbo. La lista negra de Hollywood (Jay Roach, 2015) para un ciclo reciente de AulaCine CAJAGRANADA.
Diversidad de contenido y futuro para la próxima publicación
Como síntesis, cada capítulo aporta algo. No hay ningún texto que esté por debajo de la calidad media, lo que es poco frecuente en un libro de compilación. Enumero: El “malinchismo” al que hace referencia Fernando Barrientos, en su capítulo de Buñuel; el tránsito de lo moderno a lo posmoderno, con dos títulos escogidos magistralmente por Ramón Máiz: Metrópolis (Fritz Lang, 1927) y Blade Runner(Ridley Scott, 1982); la esencia irlandesa de John Ford, perfectamente explicada por Enrique San Miguel Pérez; la homofobia en el cine, en una cartografía trazada por Javier Corrales; la comprensión del contexto histórico y político de Ruanda, en el análisis realizado por Javier Duque Daza; “La emoción y la fuerza del sentido inicial” (p. 180) al repasar los inicios de las sufragistas, en el capítulo de Carmen Ilizarbe Pizarro; La figura de Lincoln a través del comentario argumental realizado por Santiago Mariani; la vertiente social de Ken Loach, en el texto de Joan Subirats; el erudito recorrido de Manuel Trenzado por la representación de la política en el cine español, junto a la mirada hacia las “microhistorias” en la transición, realizada por Leticia M. Ruiz Rodríguez, o el disputado voto en la transición, estudiado por Irene Delgado; el aprendizaje de los valores en Harry Potter, en un trabajo de Maxwell A. Cameron que nos recuerda que todo es magia hablando de la virtud, la ética y la amistad; el reflejo de la monarquía, en la que contrasta la figura pública y la persona “normal”, según el estudio de Josep M. Colomer, junto a un recorrido por “la vida de los rojos” en el cine, estructurado por Carlos Flores Juberías en verbos que indican pura acción: mitificar, vivir, luchar, escapar, reír, añorar… pensar. Todo eso es precisamente el cine.
El presente digital
Tal y como se ha sugerido y como se explica muy bien en el prólogo de este libro, al mirar a nuestro alrededor vemos la transformación del medio audiovisual y también de la realidad política, la constatación de aquella figura que parecía profética y que hoy es una realidad, como es el prosumidor como nuevo perfil  de ciudadanía activa en la Red. Junto a ello, la convergencia mediática también hace imprescindible revisar la conexión entre comunicación y política desde la atención a las nuevas estrategias de la narrativa transmedia, con una presencia destacada de las series de televisión, de segundas y terceras pantallas, de diálogo y factor relacional, tal y como venimos recordando en TRICLab. Todas esas cosas de las que, con seguridad, seguiremos hablando y escribiendo pero, mientras tanto, vale la pena leer este libro.
Para citar el libro reseñado: Alcántara, M. y Mariani, S. (Coords.) (2018). La política es de cine. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. ISBN: 978-84-259-1706-1.
Para citar este post: Marfil-Carmona, R. (2018, 22 de abril). Sobre la política en el cine [Entrada en un blog]. Imaginado. Recuperado de https://blogs.ugr.es/rafaelmarfilcarmona/2018/04/22/la-politica-es-de-cine/
Publicado en https://blogs.ugr.es/rafaelmarfilcarmona/2018/04/22/la-politica-es-de-cine/ 

domingo, 8 de abril de 2018

La política es de cine - Estudios de Política Exterior

28 / MAR / 2018

LA POLITICA ES DE CINE - ESTUDIOS DE POLÍTICA EXTERIOR

Según Jean-Luc Godard, todo cine es político y ningún plano es neutral. Cada toma es un disparo. En Francia, las primeras imágenes cinematográficas de las que hay constancia son de la salida de un grupo de obreros de una fábrica. En España, de la salida de un grupo de feligreses de la misa del Pilar de Zaragoza. El cine, como se ve, no solo crea valores, también los refleja. Convertido desde sus inicios en un espectáculo de masas, el cine en seguida alcanzó un sentido político gracias a su capacidad de influir en la opinión pública. Lo vieron los comunistas, los fascistas y los nazis, pero también los demócratas. EEUU no dudó en alistar a los mejores directores de Hollywood (véase el documental Five Came Back, de Netflix) para que le contasen al pueblo americano por qué luchaban en la Segunda Guerra Mundial.
Pero en un ecosistema mediático en plena revolución, ¿sigue siendo el cine tan relevante, políticamente hablando, como en el siglo XX? Los coordinadores de La política es de cineManuel Alcántara y Santiago Mariani, defienden que sí. Según ellos, contra todo pronóstico en lo que llevamos de siglo XXI se está prestando una renovada atención a los aspectos políticos del cine. Y esto se debe a tres factores, de acuerdo con su interpretación. El primero sería la centralidad política que ha adquirido el concepto de relato: la política se ha convertido, en buena parte, en un combate por el establecimiento de relatos hegemónicos y en este terreno, el cine, forjador de relatos, se convierte en una herramienta formidable. El segundo elemento tiene que ver con las llamadas narrativas transmedia: el espacio comunicativo, el espacio mediático como territorio en continua mutación, dinámico e impredecible; en una palabra, “líquido”. En este contexto nuevo el cine, un espectáculo en aparente retroceso, se adapta al ecosistema: todavía se ruedan y se ven películas a la vieja usanza, pero la producción y el consumo del cine también está cambiando. El tercer y último elemento quizá necesite menos explicación: la espectacularización de la política. Según Alcántara y Mariani, “ahora la relación entre política y ficción es bidireccional”. A la hora de narrar valores, enmarcar problemas o crear subjetividades políticas, los formatos de la cultura popular como el cine son perfectos ante una audiencia que construye su identidad, cada vez más, mediante la interacción con relatos de ficción: series, películas, videojuegos…
En La política es de cine, Alcántara y Mariani congregan a un grupo de académicos de distintas latitudes –que tienen la ciencia política como su quehacer diario y el cine como un mecanismo imprescindible para entender los fenómenos propios de la política– y les invitan a hablar de Orson Welles, Fritz Lang, Luis Buñuel, Ridley Scott y John Ford, entre otros de los grandes. Porque, como insistía Godard, cada toma es un disparo.

jueves, 9 de marzo de 2017

Reseña de David Carrión en Athenea Digital

Publicado en Athenea Digital, Vol. 17, Número 1 (2017)  

Fuente: file:///C:/Users/Santiago%20Mariani/Downloads/1916-7886-4-PB.pdf

Hoy en día existen una serie de libros que intentan, bajo la honorable égida de enseñar divirtiendo, resultar interesantes a los alumnos que cada vez pueblan menos nuestras aulas universitarias. Es evidente que el alumno actual, dada la terrible incertidumbre económica que se ha instalado hace algunos años en nuestras sociedades, ya no viene tan motivado como antaño pues piensa, no sin razón, que el acabar una titulación universitaria con brillantez, y el escribir y hablar con fluidez el inglés, no significa tener asegurado un buen futuro profesional. Por ello, hoy más que nunca es necesario que el profesor motive al alumno, y una forma inmejorable de lograrlo es intentar comentar conceptos importantes de su asignatura vinculándolos a alguna de las aficiones de sus estudiantes. Parece, en ese sentido, que el cine sería el instrumento idóneo para ello.

Manuel Alcántara y Santiago Mariani han coordinado una obra coral, en la que los autores que firman sus capítulos reflexionan sobre el cine y la política con la férrea convicción de que el cine, como arte por antonomasia del siglo XX, es un mecanismo imprescindible para comprender en profundidad la política. Los coordinadores han dado plena libertad a los autores sobre el contenido de sus capítulos, limitándose a homogeneizar la forma de los mismos. Es de agradecer, en cuanto a este aspecto formal, que en este libro se hayan incluido solamente las notas bibliográficas necesarias y a pie de página además, lo que facilita y agiliza, en gran medida, la lectura, frente a esa costumbre extendida en no pocas editoriales de llevar las notas bibliográficas al final del libro, a pesar de que dificulten y, en no pocos casos, disuadan de su lectura. 

Quizá un aspecto no muy positivo para algunos lectores en esta obra notable, interesante y amena es que, a causa de esa libertad temática, no existe un auténtico hilo conductor a lo largo del libro, más allá de la reflexión política enmarcada en alguna obra cinematográfica, pero que queda salpicada de conceptos, ideas y reflexionas dispersas: a saber, y sin ánimo de ser exhaustivo, hay algún capítulo, por ejemplo, dedicado a la obra cinematográfica de un director de cine —Complejidad, subjetividad y poder en el cine de Stanley Kubrick (Alcántara, 2016)—, también es posible encontrar algún capítulo que desgrana el tratamiento cinematográfico que ha recibido la figura de un pensador político —Maquiavelo en el cine. Mito y distorsión de la imagen del poder (Barrientos, 2016)—, otros capítulos están dedicados a películas específicas —Marea Roja y los límites del poder ejecutivo (Cameron, 2016)— o bien a conceptos políticos determinados —Partidos políticos y selección de candidatos: una visita cinematográfica (Luca, 2016) —. Los coordinadores del libro, probablemente conscientes de esta ligera falta de cohesión, han insertado los capítulos de los autores, en función de su contenido, en alguno de los tres ejes temáticos que forman parte de él. La primera parte del texto, o primer eje temático, se denomina, sencillamente, El poder. Uno de sus capítulos más destacados es el titulado 

Los políticos y sus entornos desde el cine (Ames, 2016). En él se analizan tres películas estrenadas en el siglo XXI: El ejercicio del poder —sobre una situación límite que vive un ministro de un gobierno—, Il divo —una biografía de Giulio Andreotti— y Presidente Miterrand. El paseante del Campo de Marte. Las dos primeras películas mencionadas son las más interesantes, en cuanto son más críticas con la política. De hecho, Andreotti queda señalado, por su propio personaje, como un digno modelo de la obra más célebre de Nicolás Maquiavelo (1961), al afirmar refiriéndose a la acción de gobierno, sin pudor alguno, que “hay que saber usar el estiércol porque hace falta para que la vegetación florezca” (p. 41). Esta afirmación constituye una prueba irrefutable de que consideraba, como el autor florentino, que la ética es un obstáculo en el ámbito político (Ritter, 1972).

El ejercicio del poder, escrita y dirigida por Pierre Schoeller, se antoja como una de las reflexiones cinematográficas más importantes sobre la crisis política actual. En ella se puede observar el imparable distanciamiento entre la política y la opinión pública, con un papel muy cuestionable de los medios de comunicación. El deterioro de las relaciones entre los políticos y la sociedad parece irreparable y la película, sin ninguna anestesia, nos permite observar no solo la mediocridad de la clase política de nuestros tiempos sino también, y, sobre todo, el papel nuevo que desempeñan los periodistas, que ya no informan sino, como si fueran el fiscal del pueblo, acusan ante la indiferencia de la mayoría de ciudadanos, que prefieren centrarse en la búsqueda de su confort y entretenimiento. Los gobiernos actuales, no sabemos si en respuesta a ese cambio social, tratan de ganarse a los medios de comunicación y a los ciudadanos diciendo lo que guste de inmediato a su público, en una clara banalización de la política (Lipovetsky, 1986/1990). 

La segunda parte del libro, o segundo eje temático, se denomina La construcción de lo político: Estado, nación y partidos políticos. En él se puede leer otro capítulo de mucha altura y creciente interés titulado El cine y la visión cínica de las campañas electorales (D’Alessandro, 2016). Muchas son las películas mencionadas por él, ya que el cine se ha ocupado con generosidad de las campañas políticas al representar, como el propio autor destaca, “una de las dimensiones de la política en la que los cambios de época se advierten más claramente” (p. 119). En general, lo que ha ocurrido a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI sería una absoluta profesionalización de las campañas políticas, que usarían las llamadas por Farrell (1996), como señala el propio texto, “tres t” —tecnología, tecnócratas y técnicas—, con lo que los asesores del candidato se vuelven más importantes incluso que su propio partido político y las campañas políticas cada vez resultan más caras. Una película relativamente reciente, Los idus de marzo, dirigida por George Clooney, ilustra con una buena dosis de crudeza y cinismo estos extremos. 

La tercera parte, o tercer eje temático del libro, se titula, casi lapidariamente, La negación de la democracia. El capítulo Dictaduras, ridiculez y tragedia (Serrafero, 2016) sirve, por un lado, como una poderosa ilustración de lo mejor que se puede encontrar en esta última parte, pero también tendría valor intrínseco suficiente, por otro lado, no solo para concluir esta obra, sino para apuntar algunas de las incertidumbres políticas del futuro. De hecho, entre otras películas importantes sobre autocracias o regímenes no democráticos, el autor se va a centrar en el análisis de una de las obras cinematográficas más inquietantes, en sentido político, de este siglo: La ola. Aunque se trate de una ficción, está basada en un experimento realizado por Ron Jones, profesor de historia en un instituto de Palo Alto, en 1967. 

En realidad, La ola, dirigida por Dennis Gansel, describe la manera en que un profesor decide dejar de lado la teoría para plantear un curso sobre autocracia como una auténtica experiencia para sus alumnos, consiguiendo demostrar, al final del mismo, cómo el ser humano está vinculado a la dominación y el sometimiento (Watson, 2002) y cómo valores que creemos consolidados en nuestras sociedades, como la libertad, la igualdad o los derechos individuales, pueden deteriorarse hasta llegar a desaparecer inclusive. El experimento de este profesor termina de manera trágica al aplicarlo sus estudiantes, transformados en otras personas, fuera de las aulas. Lo más terrorífico que nos deja este capítulo y este apreciable libro por extensión, recomendable especialmente para todos aquellos estudiantes y ciudadanos, en general, preocupados por elfuturo, es que podemos estar condenados a repetir experiencias dictatoriales. En palabras del propio autor: “A la vuelta de la esquina estará esperando, siempre, la tentación autoritaria-totalitaria que suele vestir distintos ropajes y resalta los fallos de la democracia” (p. 273). 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Reseña de Inma Almagro en Estudios de Política Exterior - Diciembre 2016

"¿Qué es la política? ¿Y el arte? ¿Existe el arte de la política? ¿Hay política en el arte? Probablemente nos encontramos ante dos de los términos más difíciles de concretar, y cuya definición genera bastante confusión. Según Simon Brainsky, “la obra de arte es un fenómeno multideterminado y ninguna disciplina puede capturarlo en el esplendor de su totalidad […]. Sus hallazgos se pueden complementar con las otras disciplinas humanísticas, teniendo siempre presente que […] hay, afortunadamente, un misterio inefable cuya naturaleza no puede ser nunca aprehendida del todo”.
En La política va al cine encontramos una serie de ensayos (18 en total) que reflejan el matrimonio cultural entre el séptimo arte y la ciencia política. Manuel Alcántara y Santiago Mariani, maestro y discípulo, “unidos ambos desde un principio por ese lazo tan especial que se crea en el contexto de una clase universitaria donde el ilustre profesor y el alumno deslumbrado forjan posteriormente una noble y cabal amistad”, según sus propias palabras, reúnen a veinte autores que profundizan sobre la influencia del cine en la política, y viceversa. Alcántara es catedrático de la Universidad de Salamanca y sus principales líneas de investigación giran en torno al estudio de las elites parlamentarias, los partidos políticos y los poderes legislativos en América Latina. Mariani, por su parte, es un politólogo argentino afincado en Perú, licenciado en Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador-Argentina y experto asociado del PNUD.
La publicación cuenta con colaboraciones inéditas de expertos en el campo de la ciencia política, y que contemplan el cine como un complemento ideal para esta disciplina. Autores europeos como Leonardo Morlino, Dieter Nohlen, Gianfranco Pasquino y Enrique San Miguel conviven con autores americanos como Rolando Ames, Maxwell Cameron, Martín d’Alessandro, Paula Muñoz, Simón Pachano, Mario Serrafero, Martín Tanaka y Jesús Tovar, entre otros. Predominan los politólogos latinoamericanos.
Según Mariani, dieron “mucha libertad y de acuerdo a los trabajos recibidos decidimos dividir el libro en dos columnas: las formas de gobierno que niegan a la democracia […] y las formas de gobierno que buscan construir una democracia”. Sin encontrar un parámetro ordenador concreto entre todos los ensayos, ya que cada uno está escrito desde una enfoque personal y autodidacta, todos proponen el cine como recurso investigativo para abordar problemas y conflictos. De Kubrick a Batman, pasando por figuras como Nelson Mandela, Hannah Arendt o Maquiavelo, todos contribuyen a este original análisis.
Medio de entretenimiento popular por excelencia en el siglo XX, feliz unión del arte y la industria, el cine es un elemento clave de la cultura de masas y, por tanto, de la política de masas. Como apunta Kiko Llaneras, el cine y la política se unen por intención y accidente. El cine influye en las ideas, y en los ideales, de la población, por ello, según las épocas o los propósitos, se impregna de unas tendencias u otras. Detrás de ese deseo no hay por qué buscar ninguna confabulación o artimaña, simplemente sucede, de manera natural.
Heisenberg decía que “la medida se ve perturbada (o modificada) por el mismo proceso de observación”. Cada director, guionista, incluso cada actor, plantea una propuesta con el fin de transmitir un mensaje, sea político o banal. El cine y el arte en general están llenos de cosas que nadie puso ahí, pero que surgen a modo espejos del mundo, de la sociedad y de nosotros mismos. De esta forma, brotan las sombras, las tinieblas y la oscuridad, pero también la luz y la claridad. Nos proyectamos en el cine, al igual que las pantallas nos proyectan, y esto, inevitablemente, permanece y nos trasciende."

Reseña de la obra en la revista Dirigido - Septiembre 2016, número 469

"Un aliento teórico, pero también pedagógico, recorre las disquisiciones de los veinte politólogos convocados para analizar, comprender las imágenes, es decir, cómo el cine es capaz de expresar ideas o tesis políticas. La política va al cine y el cine busca hacer política. Este doble enlace abre las posibilidades de reflexión, planteadas a partir del hilo conductor de un film, un director, un tema...englobadas en tres grandes bloques: El Poder; La construcción de la política: Estado, nación y partidos políticos; y La negación de la democracia. Los enfoques, estilos, metodologías son tan dispares como los contenidos abordados: de la consolidación de la democracia en Italia a través de Una vida difícil, al heroísmo y la villanía de Batman en la trilogía de C. Nolan." R.F.